Existen en nuestro país numerosos instrumentos legislativos que abordan la temática laboral. En algunos casos se trata de
leyes o decretos específicamente orientados a regular situaciones laborales y, en otros, se trata de normativa vinculada a otras temáticas que refieren a cuestiones laborales de colectivos determinados.

La discriminación no es un acto aislado, sino que tiene una raigambre histórica producto de un modelo social que, durante siglos, postuló una concepción de normalidad que ubicó a algunas personas con determinadas características (varón, blanco, de edad productiva, instruido, católico, heterosexual, sin discapacidad, entre otras) en una relación de poder subordinante sobre otras que no se correspondían con ese patrón heteronormativo.

Toda discriminación constituye un hecho violento, además de una vulneración a los derechos humanos. Las formas graves y persistentes de discriminación en el trabajo contribuyen a agudizar la vulnerabilidad y la exclusión social de aquellos grupos que históricamente han padecido segregación.

La discriminación puede presentarse en distintas etapas de la vida laboral: en las búsquedas de empleo, en las entrevistas, en la selección, desempeño, promoción, retiro y/o despido. Puede ponerse de manifiesto en un trato desigual, injusto y menos favorable a determinadas personas que no se correspondan con el patrón arriba mencionado, sin perjuicio de las capacidades y formación que cada persona posea para el desempeño de sus funciones.

Cabe resaltar que no se trata de un fenómeno que sólo se presenta en el sector formal del mercado de trabajo, sino que también puede encontrarse presente en el sector informal, adquiriendo incluso formas más evidentes por estar fuera del alcance de la legislación laboral y de sus mecanismos de regulación y control.

Las prácticas discriminatorias en el ámbito laboral provocan una disminución en la motivación personal y aumentan las tensiones y conflictos en el lugar de trabajo, lo que no solamente trae aparejadas consecuencias a las personas víctimas de discriminación, sino que operan negativamente en la productividad laboral y en el ambiente de trabajo. Asimismo, las formas más graves y persistentes de discriminación en el trabajo contribuyen a agudizar la vulnerabilidad, la pobreza y la exclusión social condenando a las personas a la inmovilidad social, particularmente en aquellas víctimas de vulnerabilidades múltiples, como quienes se encuentran en situación de
pobreza y, además, tienen alguna discapacidad o son migrantes, mujeres o jóvenes.

 

Ref.: Derecho al Trabajo sin Discriminación -Hacia el paradigma de la igualdad de oportunidades-INADI

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